La iglesia de San Vital de Rávena, como otros de la misma ciudad, se reformó por deseo expreso del emperador Justiniano a partir de construcciones anteriores. La obra se financió con el dinero del acaudalado banquero Juliano Argentario, de origen griego (aportando una cantidad aproximada de 26 000 besantes de oro), y fue supervisada por el arzobispo de la ciudad, Maximiano, quien la consagró en el año 547. Todos estos personajes aparecen en la decoración musivaria que se realizó entre los años 546 y 548, año de la muerte de la emperatriz Teodora. Estos mosaicos son el mejor ejemplo de las artes figurativas bizantinas y nos dan una idea de lo que pudieron ser las obras que fueron destruidas, durante la Querella Iconoclasta de los siglos VII y VIII, y con la caída de Bizancio a manos de los turcos. En San Vital se han preservado, en el primer caso, porque Rávena se posicionó en contra de los iconoclastas y, en segundo lugar, porque ya no era bizantina durante la invasión turca. Por estas razones, las imágenes se salvaron de ambas catástrofes artísticas.
Planta de la Iglesia de San Vita en Rávena (foto: Wikipedia)
Iglesia de San Vital en Rávena, exterior (foto: Pedro Colmenero)
Se desconoce el nombre del arquitecto o arquitectos que realizaron el diseño, que es muy similar al de la iglesia de los Santos Sergio y Baco, en Bizancio. Sin embargo, San Vital está más alejado aún de la tradición paleocristiana, sustituyendo la idea de «espacio-camino» de las primeras basílicas, por el de la contemplación del ámbito celestial, con mayor carácter ascensional, gracias al esbelto tambor que sostiene la cúpula. Una vez se ha entrado en el atrio (también usado como claustro), se accede al templo por un nártex descentrado que da paso a una sala de oración de planta central, con un doble anillo octogonal formado por el deambulatorio (sobre el que se dispone la tribuna) sostenida por pilastras que delimitan un oratorio circular cubierto por la citada cúpula hemiesférica; ésta, está rodeada de exedras de dos órdenes superpuestos con miradores de triple arcada hacia el altar mayor. El presbiterio está al fondo, con un tramo cubierto por una bóveda de arista y un cierre en bóveda de horno; a cada lado las dos estancias Phastophorias, típicas de la arquitectura bizantina: al norte del ábside la Próthesis (lugar destinado a preparar, consagrar y custodiar el pan y el vino) y, al sur, el Diacónicon (recinto donde se guardan los enseres litúrgicos).
San Vital en Rávena, deambulatorio (foto: Pedro Colmenero)
Todo el edificio ha sido diseñado respetando muchos de los elementos de la tradición eclesiástica antigua, en la que se exigía la separación de sexos durante los actos de culto, así como la posibilidad de que asistiesen altas jerarquías, siguiendo un protocolo estricto reflejado simbólicamente en los mosaicos.
Mosaico con escenas del Antiguo Testamento (foto: Pedro Colmenero)
Así, el nártex tiene dos puertas, una para los hombres y otra para las mujeres. Éstas debían entrar por la nave de la epístola (al sur) y, si estaban casadas, asistir a la eucaristía desde la tribuna o matroneum, situada en el piso superior, sobre el deambulatorio. La tribuna dispone también de palcos que dan directamente al presbiterio, reservados a las altas jerarquías; teóricamente, el emperador y su esposa, pero, dado que nunca llegaron a conocer el templo concluido, sería el exarca o gobernador quien les representase.
Para los hombres ser reservaba la parte norte o del evangelio, aunque de hecho ocuparían la planta principal. Si bien se ha perdido, es de suponer que la iglesia dispuso de un iconostasio, que separaba y ocultaba el altar durante ciertas fases de la liturgia, y un templete o ciborio sobre el mismo.
Mosaico del Ábside principal (foto: Pedro Colmenero)
Mosaico de Justiniano y su corte (foto: Pedro Colmenero)
Mosaico de Teodora y su Cortejo (foto: Pedro Colmenero)
Iglesia de San Vital en Rávena
La iglesia de San Vital de Rávena, como otros de la misma ciudad, se reformó por deseo expreso del emperador Justiniano a partir de construcciones anteriores. La obra se financió con el dinero del acaudalado banquero Juliano Argentario, de origen griego (aportando una cantidad aproximada de 26 000 besantes de oro), y fue supervisada por el arzobispo de la ciudad, Maximiano, quien la consagró en el año 547. Todos estos personajes aparecen en la decoración musivaria que se realizó entre los años 546 y 548, año de la muerte de la emperatriz Teodora. Estos mosaicos son el mejor ejemplo de las artes figurativas bizantinas y nos dan una idea de lo que pudieron ser las obras que fueron destruidas, durante la Querella Iconoclasta de los siglos VII y VIII, y con la caída de Bizancio a manos de los turcos. En San Vital se han preservado, en el primer caso, porque Rávena se posicionó en contra de los iconoclastas y, en segundo lugar, porque ya no era bizantina durante la invasión turca. Por estas razones, las imágenes se salvaron de ambas catástrofes artísticas.
Se desconoce el nombre del arquitecto o arquitectos que realizaron el diseño, que es muy similar al de la iglesia de los Santos Sergio y Baco, en Bizancio. Sin embargo, San Vital está más alejado aún de la tradición paleocristiana, sustituyendo la idea de «espacio-camino» de las primeras basílicas, por el de la contemplación del ámbito celestial, con mayor carácter ascensional, gracias al esbelto tambor que sostiene la cúpula. Una vez se ha entrado en el atrio (también usado como claustro), se accede al templo por un nártex descentrado que da paso a una sala de oración de planta central, con un doble anillo octogonal formado por el deambulatorio (sobre el que se dispone la tribuna) sostenida por pilastras que delimitan un oratorio circular cubierto por la citada cúpula hemiesférica; ésta, está rodeada de exedras de dos órdenes superpuestos con miradores de triple arcada hacia el altar mayor. El presbiterio está al fondo, con un tramo cubierto por una bóveda de arista y un cierre en bóveda de horno; a cada lado las dos estancias Phastophorias, típicas de la arquitectura bizantina: al norte del ábside la Próthesis (lugar destinado a preparar, consagrar y custodiar el pan y el vino) y, al sur, el Diacónicon (recinto donde se guardan los enseres litúrgicos).
Todo el edificio ha sido diseñado respetando muchos de los elementos de la tradición eclesiástica antigua, en la que se exigía la separación de sexos durante los actos de culto, así como la posibilidad de que asistiesen altas jerarquías, siguiendo un protocolo estricto reflejado simbólicamente en los mosaicos.
Así, el nártex tiene dos puertas, una para los hombres y otra para las mujeres. Éstas debían entrar por la nave de la epístola (al sur) y, si estaban casadas, asistir a la eucaristía desde la tribuna o matroneum, situada en el piso superior, sobre el deambulatorio. La tribuna dispone también de palcos que dan directamente al presbiterio, reservados a las altas jerarquías; teóricamente, el emperador y su esposa, pero, dado que nunca llegaron a conocer el templo concluido, sería el exarca o gobernador quien les representase.
Para los hombres ser reservaba la parte norte o del evangelio, aunque de hecho ocuparían la planta principal. Si bien se ha perdido, es de suponer que la iglesia dispuso de un iconostasio, que separaba y ocultaba el altar durante ciertas fases de la liturgia, y un templete o ciborio sobre el mismo.
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